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Bienvenida

Si te acabas de enterar que tu hijo tiene síndrome de Down, seguro estás confundido, ansioso y lleno de preguntas. Tus respuestas a estas preguntas puede que sean lo único que conocías del síndrome de Down hasta hoy.

Esas respuestas pueden estar ahogando tu corazón, y créeme que es normal. Es normal tener temor, angustia, melancolía, y hasta tristeza.

Acepta tus sentimientos con amor y esperanza, y no te sientas culpable. La mayoría de nosotros hemos vivido cosas similares, pero también hemos aprendido que la base de todos estos sentimientos es el resultado de nuestros propios prejuicios, de nuestra ignorancia, de nuestra sorpresa ante una situación que jamás imaginamos vivir.

Aunque en este momento te cueste asimilarlo, el síndrome de Down es secundario, y tu hijo es tan perfecto como lo soñaste. Cuando lo miras ahí acostado, y no puedes evitar estancarte en la forma de sus ojos o sus manos, lo ves frágil, pequeño y quizás tu principal preocupación en este momento es saber ¿que podrá lograr? ¿Cómo se defenderá del mundo? ¿Cómo el mundo lo recibirá? 

Te va a costar creerlo, pero espero que en un par de años te acuerdes de estas palabras dichas con alegría y satisfacción.

Vive un día a la vez. Yo se No es fácil no pensar en el futuro, en las posibles complicaciones médicas, en las estadísticas y en las carencias, pero ejercita la esperanza, y aprende a vivir un día a la vez. 

No temas cargarte de fe y utilizar la mejor estrategia que consideres posible para seguir adelante. Y recuerda siempre que lo peor que podemos hacer es preocuparnos, en vez de ocuparnos. 

Cuando nos ocupamos estamos cambiando el mañana para bien, y créeme que siempre, siempre. hay una esperanza. Sólo hay que buscarla.

Ten paciencia contigo mismo. Sería en vano tratar de convencerte de lo feliz que serás en el futuro en este momento, por eso te voy a decir que tengas paciencia contigo mismo. Date el derecho de caer cuantas veces sea necesario, pero nunca te olvides que el próximo paso será levantarte más fuerte que nunca. Y si, no puedo evitar decírtelo, serás inmensamente feliz al lado de tu hijo, pero como con cualquier otro hijo, sucederá únicamente si así lo decides.

No temas conocer otros padres, otras familias, y unirte a organizaciones que promueven esta práctica. Y date tu tiempo para intentarlo, porque a veces da un poco de miedo. En el camino uno se transforma como persona y ser humano, uno se identifica y se siente parte de algo, eso nos llena de valor, de energía y experiencias increíbles que nos dan las pautas para seguir. 

Llega el día en que te sientes parte, en el que te das cuenta que puedes mirar a cualquier individuo sin prejuicios, en el que en tu mente todo se ha transformado, has aprendido algo nuevo y estás listo para compartirlo sin reparos.

Confía en tu corazón, y evita a cualquiera que quiera darte la receta perfecta, sólo y únicamente porque tú eres la única persona que tiene las respuestas para su propia vida, y tienen que ser basadas en tus vivencias personales, en las capacidades únicas de tus hijos, en tus creencias, y en tu amor. Y cuando los años pasen, un día o una tarde cualquiera, te vas a sorprender a ti mismo riendo con el alma, te vas a emocionar de ver cuánto ha crecido, te vas a sentir increíblemente orgulloso de saber que en cada uno de sus actos y de sus palabras, puedes reconocer el amor, ese mismo amor que una vez tuvo temor pero que en todos sus tropiezos te ha traído hasta donde estás hoy.

Autor: Eliana Tardío

Fuente: www.elianatardio.com

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